Es posible que esta entrada no la consideres muy buena.
Es posible que esta entrada apenas ocupe espacio.
Es posible que cuando termines de leerla no estés de acuerdo conmigo.
Estoy aquí para expresar cuán harta estoy de que nos dejemos llevar continuamente por la marea, que hagamos las cosas porque los demás las hacen considerando que simplemente porque mucha gente está de acuerdo contigo, eso es lo que está bien.
Estoy hasta las narices de que todos queramos ser buenos en todo, que queramos destacar en todo, que queramos eclipsar a los verdaderos artistas por puro egoísmo, mas creo que realmente al final de toda esa gente es el artista el que realmente triunfa. Es el alma del verdadero artista la que reluce por encima de cualquier cosa y por mucho que quieran imitar su arte jamás tendrán ese maravilloso toque que hace que llegues al puro éxtasis cuando lees uno de sus libros, ensayos, ves una de sus películas, cuadros, esculturas, escuchas su música.
Esa manía por recortar y recortar el alma hasta parecerse al de alguien que uno admira, esa manía por querer ser igual o mejor que otro, esa competitividad.
Esa obcecación que resulta muchas veces enfermiza de copiar y copiar para conseguir lo que ha conseguido otro porque sí porque "si éste puede, yo también puedo".
Esa rabia que se respira cuando vemos que en un par de pinceladas una persona demuestre más autenticidad y talento que nosotros pintando la mayor exposición del mundo.
Y, al fin y al cabo, ese miedo a ver que alguien es mejor que nosotros en algo.
T.

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