La persona es esclava de sí misma.
La sociedad se ha convertido a sí misma en
una masa de algo monstruoso incapaz de ver más allá de sus narices,
convirtiendo la pobreza y el hambre en algo normal que se ve en la televisión a
la hora de comer.
La única supervivencia de nuestra inocencia
y la mayor forma de crítica es el arte.
El artista mantiene vivo al niño que fue.
El artista ve el mundo a través de unos ojos
diferentes, unos ojos críticos.
El mundo es un reflejo de lo crueles que
podemos llegar a ser, preguntándonos si no lo hacemos lo suficientemente mal
para hacerlo aún peor.
Al final somos castigados por nosotros
mismos, cada mal pensamiento, cada mala acción poco a poco nos envenena hasta
caer en un foso del que es difícil salir, transformándonos en seres grises y
decadentes, lo que convierte cualquier forma de expresión en algo triste,
haciendo del arte algo completamente inservible.
Si quisiéramos dar vida a cada buen
pensamiento y disfrutar cada buena acción todo ganaría un suspiro de inmensa
alegría haciéndonos ver la vida como algo realmente hermoso y creativo como
nunca nadie antes podía haber imaginado, dándonos la oportunidad de ser
críticos con algo que nosotros mismo hemos convertido en inhumano y monstruoso.
Es en ese momento cuando el arte cobra sentido.
Sin el arte, la humanidad es completamente
triste.
Sin la humanidad, el arte resulta inútil.

No hay comentarios:
Publicar un comentario